Select Page
Penetración de la luz

Penetración de la luz

Dije: ¿Qué hago con mis ojos?
Dios dijo: Mantenlos en el camino.

Dije: ¿Qué hago con mi pasión?
Dios dijo: Mantenla encendida.

Dije: ¿Qué hago con mi corazón? 
Dios dijo: Dime qué guardas en él.

Dije: Dolor y tristeza.
Dios dijo: Quédate con ellos.
La herida es el lugar
por donde la Luz penetra en Ti”.

Rumi

Bienvenida al Origen

Bienvenida al Origen

Abejas sobre flores

El néctar de su zumbido entre flores,
endulza con caricias mis oídos.
Me atrae desde el porche,
invitándome 
a mezclarme con ellas
en su tarea
misteriosa, silenciosa,
tenaz.
Desciendo
como una abeja más
en la tarde de octubre,
dorada y rosa.
 
Rememoro tiempos futuros
donde la música del paraíso
fue murmullo sagrado:
la sinfonía de la polinización.
 
El pecado original
¡ha sido copiado tantas veces…!
que perdió sus derechos de autor.
 
La Reina regresó para quedarse
en el paraíso 
sagrado de zumbidos y armonías:
la nueva era sin copia.
La Luz se ha realizado

en su Esplendor.

 

Bienvenida al Origen, alma mía
 
La Gracia de Sierra Plata, Bolonia, (España)
28 de octubre, 2017
Compasión ciega

Compasión ciega

Abogando por una verdadera y sana compasión… Una compasión rebelde, creativa y clarividente. La que empieza por nosotros mismos. Y por lo tanto, sanadora para todos.


 

“La verdadera compasión incluye la sabiduría y, por lo tanto, hace juicios con cuidado y con atención;  dice que algunas cosas son buenas, que algunas cosas son malas, y elige siempre actuar únicamente sobre aquellas cosas que hayan sido informadas con discernimiento y precaución”
Ken Wilber (C)


“La compasión ciega se arraiga en la creencia de que todos estamos haciendo lo mejor que podemos. Cuando nos impulsa la compasión ciega, cuando les dejamos pasar mucho a otros, excusando su comportamiento y haciendo pasar por agradables situaciones que requieren un contundente “no”, una expresión inconfundible de desagrado, plantarse o mantener firmemente nuestros límites… todas estas cosas pueden, y a menudo deben hacerse por amor, pero la compasión ciega mantiene el amor demasiado manso, condenado a usar solo su cara amable.

La compasión ciega es bondad enraizada en el miedo, y no solo en el miedo a la confrontación, sino también el miedo a no ser una persona buena o “espiritual”.

Cuando nos dedicamos a la compasión ciega, rara vez mostramos enojo, porque no solo tenemos la creencia de que la compasión debe ser siempre amable, sino que también tenemos miedo de molestar al otro, y nos aterra que el otro nos confronte por ello. Esto se ve reforzado por nuestro juicio sobre la ira, especialmente en sus formas más ardientes, como algo “menos espiritual”; algo que no debería estar allí si fuéramos realmente amorosos. La compasión ciega nos reduce a comportarnos como adictos a un armonía de pacotilla, atrapándonos en una expresión implacablemente positiva.

Desde la compasión ciega, no sabemos cómo aprender o no a decir “no”, con ningún poder real, evitando la confrontación a toda costa y, como resultado, permitiendo que los patrones no saludables continúen. Nuestro “sí” es sólo anémico e impotente, sin el impacto que podría tener si también pudiéramos acceder a un “no” claro y fuerte, que emanara de nuestro núcleo.

Cuando silenciamos nuestra voz esencial, nuestra apertura se reduce a una brecha permisiva, a un abrazo indiferente, a una receptividad mal delimitada, todo lo cual indica una falta de compasión por nosotros mismos (en el sentido de que no nos protegemos adecuadamente).

La compasión ciega confunde la ira con la agresión, la contundencia con la violencia, el juicio con la condena, el cuidado con una tolerancia exagerada y una mayor tolerancia con ser “espiritualmente correcto”.

~ Robert Augustus Masters (C)

Traducciones: Victoria Malvar

La Gracia y la ballena

La Gracia y la ballena

La ballena desciende
a las profundidades del océano
de si misma
en busca de nutrición

Reposa en la superficie,
con los suyos, entre una y otra zambullida

Así mismo
la Gracia desciende sobre
los que descienden
en las simas más profundas de sí mismos
totalmente
mientras descansan en los brazos
de la quietud
exhaustos de abluciones
en la sagrada herida.

(C) V. Malvar, octubre, 2018