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El Sendero de Individuación

El Sendero de Individuación

La Vida es un misterio y un tiempo diseñado para el proceso de individuación, de venir a ser quien uno Es intrínseca y potencialmente. Así lo definió en su día Carl Gustav Jung, dejando claro que el sendero de la individuación no contempla el Yo como ego, sino como Ser de potencialidad.

El sendero de individuación comienza en la cuna y termina el día que abandonamos el cuerpo. Es un proceso de refinamiento, maduración y despertares encadenados que nos van llevando a altitudes cada vez más elevadas de la consciencia. En ese sentido es un proceso jerárquico de integración. Cada vez expandimos la consciencia integramos los niveles inferiores y seguimos abiertos al misterio perceptivo que nos deparan los superiores. Por lo tanto, se necesita mucha auto-compasión y mucha humildad para moverse en los arcanos senderos de la Vida consciente.

Conviene resaltar que individuación no tiene que ver con aislamiento ni retraimiento del mundo, sino todo lo contrario. Un ser realmente individuado sostiene una presencia consciente y una conexión profunda con todos y con todo. Está en total servicio. Un servicio total que significa que sabe qué tipo de receptor de información cósmica y qué tipo de transmisor de esa misma información es. Un ser individuado conoce y permite que esas funcionalidades sucedan de forma consciente y eficiente. No hay proceso de individuación posible sin una correcta recepción de la información cósmica en la unidad de tus cuerpos y multidimensiones.

Por lo tanto, individuación difiere del concepto de individualismo que, por el contrario, se trataría de un proceso egoíco de aislamiento y negación de nuestra verdadera naturaleza de servicio y de nuestra pertenencia al colectivo humano. Realizar la propia naturaleza en su máxima expresión posible a nivel multidimensional, individuarse, es un proceso titánico desde la perspectiva intelectual, porque en sociedades actuales tan homogeneizadas es toda una proeza, aunque sea algo natural desde la consciencia transpersonal del Espíritu que nos anima.

Al saber quienes somos en esencia y qué función se nos ha encomendado en esta vida, surge un sentimiento de seguridad y de rendición al papel que representamos dentro de la colectividad que nos reconcilia y relaja.

El ser individuado es la única posibilidad de salvación del mundo

Curiosa y paradojicamente, uno no realiza este proceso de individuación hasta que no se distancia de la colectividad y se reconoce como un ser genuino y diferenciado. Para ello es necesario atravesar un proceso de decondicionamiento o deshomogeneización, no siempre aceptado por una masa no-pensante y no-individuada que se siente cómoda favoreciendo procesos egoicos. En la homogeneización, la masa ha llegado a sentir una falsa sensación de seguridad en su insana manifestación actual: una situación donde la mayoría de los seres han perdido la ocasión de contribuir de forma única para acomodarse en la repetición de modelos y tendencias y han lastrado su energía vital a formas en las que encajan a la fuerza, pero a las que no pertenecen. Algo así como completar un ajo al que le falta un diente con un gajo de mandarina… Sólo basta mirar alrededor y ver en qué estado y estadio nos movemos.

Sin embargo, un individuo no es verdadero individuo, ni persona en un sentido pleno, hasta que no despierta del sueño de la homogeneización y realiza la individuación. En ese momento se torna en un ser humano autorealizado y despierto (awareness en inglés)

La humanidad siempre se beneficia profundamente de los procesos de individuación que llegan a completarse, pues son iluminantes. Son catárticos y catalizadores de hondas transformaciones multidimensionales. Sin embargo, la sociedad actual homogeneizada detecta a menudo como peligrosos a aquellos individuos que tiene el valor de contemplarse, mirarse y auto realizarse. No entiende que no quieran pertenecer a esa masa informe de gente que se siente cómoda pareciéndose demasiado. Se necesita coraje para un viaje de este tipo.

 

Quien no se ama a sí mismo en primer lugar, es sólo una mercancía, una moneda de cambio.
V.M, Sherpa de Vida

 

El humano individuado, en el seno de su existencia y dentro del marco de la propia estructura psíquica, habrá de dar respuesta a los problemas que sufren sus coetáneos, problemas que la humanidad siempre ha temido afrontar debido a un concepto de pertenencia ancestral equivocado que nos mantiene alejados de nuestra voz interior. Así es como al negar nuestra individualidad y funcionar mecánicamente en masa, llenos de miedo, nos dañamos y caminamos hacia nuestra extinción en el dolor físico, mental y emocional.

La individuación es, pues, un continuo flujo de autorrealización que no parte de un concepto abstracto de deber, sino de la propia disposición natural o mensaje genético humano y que no consiste en dejar de ser naturaleza para llegar a ser otra cosa, pues el estado más natural de la persona individuada es llegar a personificar la figura del sabio iluminado, del despierto, del hombre y la mujer completos, rebeldes, únicos, creativos.

El ser individuado es la única posibilidad de salvación del mundo en este momento histórico, pues es  el único capaz de gestionar y sortear con madurez y creatividad la era de desafíos en que estamos inmersos hoy como consecuencia de una gestión infantil e insuficiente de nuestra emocionalidad y de nuestra humanidad.

El proyecto de La Práctica de Coherencia Integral, los servicios individuales y los talleres que ofrecemos, todo el contenido que vas a encontrar en este sitio, va encaminado a que completes y disfrutes de tu propio Sendero de Individuación, con coherencia. Es decir, en un total respeto por tu configuración única y tu función en el engarce de tejidos humanos y divinos que es el enigma de la Vida.

 

Salud y Presencia

Salud y Presencia

Salud y presencia van unidas

 

La salud se da cuando el alma puede respirar tranquila y profundamente, cuando estamos en sintonía con nosotros mismos y fluimos con la vida.
Estar sano quiere decir estar en continuo contacto con uno mismo, sentirse, también encontrar el tiempo de parar y contemplar la propia vida y percibir qué es lo adecuado para uno. En otras palabras: estar presente.

Peter Bourquin

Compasión ciega

Compasión ciega

Abogando por una verdadera y sana compasión… Una compasión rebelde, creativa y clarividente. La que empieza por nosotros mismos. Y por lo tanto, sanadora para todos.


 

“La verdadera compasión incluye la sabiduría y, por lo tanto, hace juicios con cuidado y con atención;  dice que algunas cosas son buenas, que algunas cosas son malas, y elige siempre actuar únicamente sobre aquellas cosas que hayan sido informadas con discernimiento y precaución”
Ken Wilber (C)


“La compasión ciega se arraiga en la creencia de que todos estamos haciendo lo mejor que podemos. Cuando nos impulsa la compasión ciega, cuando les dejamos pasar mucho a otros, excusando su comportamiento y haciendo pasar por agradables situaciones que requieren un contundente “no”, una expresión inconfundible de desagrado, plantarse o mantener firmemente nuestros límites… todas estas cosas pueden, y a menudo deben hacerse por amor, pero la compasión ciega mantiene el amor demasiado manso, condenado a usar solo su cara amable.

La compasión ciega es bondad enraizada en el miedo, y no solo en el miedo a la confrontación, sino también el miedo a no ser una persona buena o “espiritual”.

Cuando nos dedicamos a la compasión ciega, rara vez mostramos enojo, porque no solo tenemos la creencia de que la compasión debe ser siempre amable, sino que también tenemos miedo de molestar al otro, y nos aterra que el otro nos confronte por ello. Esto se ve reforzado por nuestro juicio sobre la ira, especialmente en sus formas más ardientes, como algo “menos espiritual”; algo que no debería estar allí si fuéramos realmente amorosos. La compasión ciega nos reduce a comportarnos como adictos a un armonía de pacotilla, atrapándonos en una expresión implacablemente positiva.

Desde la compasión ciega, no sabemos cómo aprender o no a decir “no”, con ningún poder real, evitando la confrontación a toda costa y, como resultado, permitiendo que los patrones no saludables continúen. Nuestro “sí” es sólo anémico e impotente, sin el impacto que podría tener si también pudiéramos acceder a un “no” claro y fuerte, que emanara de nuestro núcleo.

Cuando silenciamos nuestra voz esencial, nuestra apertura se reduce a una brecha permisiva, a un abrazo indiferente, a una receptividad mal delimitada, todo lo cual indica una falta de compasión por nosotros mismos (en el sentido de que no nos protegemos adecuadamente).

La compasión ciega confunde la ira con la agresión, la contundencia con la violencia, el juicio con la condena, el cuidado con una tolerancia exagerada y una mayor tolerancia con ser “espiritualmente correcto”.

~ Robert Augustus Masters (C)

Traducciones: Victoria Malvar