Compasión ciega

Compasión ciega

Abogando por una verdadera y sana compasión… Una compasión rebelde, creativa y clarividente. La que empieza por nosotros mismos. Y por lo tanto, sanadora para todos.


 

“La verdadera compasión incluye la sabiduría y, por lo tanto, hace juicios con cuidado y con atención;  dice que algunas cosas son buenas, que algunas cosas son malas, y elige siempre actuar únicamente sobre aquellas cosas que hayan sido informadas con discernimiento y precaución”
Ken Wilber (C)


“La compasión ciega se arraiga en la creencia de que todos estamos haciendo lo mejor que podemos. Cuando nos impulsa la compasión ciega, cuando les dejamos pasar mucho a otros, excusando su comportamiento y haciendo pasar por agradables situaciones que requieren un contundente “no”, una expresión inconfundible de desagrado, plantarse o mantener firmemente nuestros límites… todas estas cosas pueden, y a menudo deben hacerse por amor, pero la compasión ciega mantiene el amor demasiado manso, condenado a usar solo su cara amable.

La compasión ciega es bondad enraizada en el miedo, y no solo en el miedo a la confrontación, sino también el miedo a no ser una persona buena o “espiritual”.

Cuando nos dedicamos a la compasión ciega, rara vez mostramos enojo, porque no solo tenemos la creencia de que la compasión debe ser siempre amable, sino que también tenemos miedo de molestar al otro, y nos aterra que el otro nos confronte por ello. Esto se ve reforzado por nuestro juicio sobre la ira, especialmente en sus formas más ardientes, como algo “menos espiritual”; algo que no debería estar allí si fuéramos realmente amorosos. La compasión ciega nos reduce a comportarnos como adictos a un armonía de pacotilla, atrapándonos en una expresión implacablemente positiva.

Desde la compasión ciega, no sabemos cómo aprender o no a decir “no”, con ningún poder real, evitando la confrontación a toda costa y, como resultado, permitiendo que los patrones no saludables continúen. Nuestro “sí” es sólo anémico e impotente, sin el impacto que podría tener si también pudiéramos acceder a un “no” claro y fuerte, que emanara de nuestro núcleo.

Cuando silenciamos nuestra voz esencial, nuestra apertura se reduce a una brecha permisiva, a un abrazo indiferente, a una receptividad mal delimitada, todo lo cual indica una falta de compasión por nosotros mismos (en el sentido de que no nos protegemos adecuadamente).

La compasión ciega confunde la ira con la agresión, la contundencia con la violencia, el juicio con la condena, el cuidado con una tolerancia exagerada y una mayor tolerancia con ser “espiritualmente correcto”.

~ Robert Augustus Masters (C)

Traducciones: Victoria Malvar