Apuntes sobre el evento COVID-19
(desde la mirada de 64keys y a través de mi propia diferencia)  

He realizado estos apuntes sobre la información del nacimiento del COVID-19 al mundo, considerando la fecha y hora en que la OMS mencionó su aparición en Wuhan, el 31 de diciembre de 2019.  

Que nadie se tome nada de lo que le pase a raíz de este evento como algo personal: estamos simplemente siendo peones en un juego de ajedrez cósmico en un momento único, el final de una era. Y esta es la parte que nos toca jugar. A cada uno la suya, desde sus capacidades y su desarrollo integral. Hablaré del COVID-19 no como un virus, que lo es, sino como un evento cósmico, que también es. Un shock de proporciones colosales que impacta directamente a la raza humana en este Planeta, que llega de la mano de la conjunción del planeta Plutón con la Secuencia de Saturno, con el objetivo de poner el dedo sobre los patrones kármicos colectivos, pero trabajando con cada individuo. Uno por uno. Viene a realizar un proceso de individuación de inesperadas dimensiones. Sólo el tiempo nos dirá hacia donde nos lleva, aunque la dirección que quiere marcar este evento va dirigida a tocar a fondo dos aspectos concretos: el cuidado (empezando por el auto cuidado) y el tema de la sostenibilidad de la especie, las estructuras, los sistemas que hemos creado. El objetivo es prepararnos para el año 2027, que, por otro lado, ya está aquí. 

(* en este punto recomiendo la lectura de La Profecía de Ra Uru Hu de Steve Rhodes, para quienes quieran saber algo más sobre esta visión cosmológica, el cambio de las eras, la nueva especie, etc.) 

De acuerdo con su misión, COVID-19 es un evento de largo alcance en el tiempo, pues dejará secuelas de mutación en todos y en cada uno de nosotros que se irán refinando en los próximos meses y años. Su capacidad y fuerza es constructiva para la consciencia del universo, aunque nos parezca hoy, destructiva y paralizante en nuestra humanidad. COVID-19 es un virus y un evento que viene con un potencial constructivo imparable y tenaz, que piensa en las próximas generaciones, en las próximas raza, en el próximo nivel de expansión del universo y viene a sanear lo que ya no puede oler más a podrido.  

 

DESCRIPCIÓN GENERAL  

 

Al ser un evento de dimensiones planetarias (pandemia) nos afecta a todos, bien por acción directa en el cuerpo físico, -con un contagio de cualquier nivel de intensidad o gravedad, desde asintomático a mortal-, bien porque nuestro entorno está afectado y no somos inmunes a él. Es en nuestro linaje genético y en sus memorias celulares, el ADN, donde se juegan ésta y todas las partidas. 

Estamos en un mundo globalizado dentro de un universo  multidimensionalmente conectado y lo que pasa en China, en Italia, en USA o en Saturno no está lejos de tu casa, ni viceversa. Todo está aquí mismo. La conexión, la sientas o no, existe, y ahora es el momento de hacernos plenamente conscientes de las implicaciones que tiene esto en cada gesto o acción que realizamos o que evitamos en nuestra vida.   

La solidaridad ha comenzado a aflorar en brotes verdes gracias al COVID-19. También el egoísmo y el miedo celular que nos lleva a convertirnos en rapiñas acumuladoras. Algunos ganarán mucho dinero a costa de otros, sin duda, pero hay muestras en el sentido opuesto.  Algunos ganarán mucho dinero a costa de otros, sin duda, pero hay muestras en el sentido opuesto. mergencia, una oportunidad muy orgánica, muy física, muy de materia, para que traigamos, de una puñetera vez, el espíritu a la tierra, sin tantas milongas pseudo-espirituales.  

La compasión es un montaña firme y quieta. En estos días de pandemia y cuarentena, vamos a recordar la compasión en su estado puro:  paciencia, espacio, quedarse quietos, hacerse cargo cada uno de lo suyo, en primerísimo lugar, contenerse con cuidado y con esmero… y desde esa sana distancia (que en realidad, no existe) abrirle el corazón al otro y tenderle una mano, cuando corresponda. La compasión verdadera, o dice no cuando debe, o no es verdadera compasión. Tampoco tiene pena. Simplemente es. Nos veremos diciendo no y sí a muchas cosas y personas en estos tiempos y aprendiendo lecciones a cada rato. Y recibiendo síes o noes de otros, totalmente inesperados. 

COVID-19 nos da la posibilidad de aceptar y despertar a algunas verdades comunitarias que ahora mismo estamos negando y obviando. La respuesta es individual y puede ser un sí o un no a esa posibilidad. Y aun en esta crisis algunos elegirán o no podrán dar un sí. Otros se sacrificarán biológica o económicamente hablando por la comunidad. Los menos favorecidos no lo van a pasar de lo mejor, como sucede siempre y quizás algún rico de esos 10 tipos más ricos del mundo que acumulan prácticamente toda la riqueza del mundo, pierda unos centavos. El sistema de castas económicas está de nuevo servido.  

De repente, no hacer nada es hacerlo todo. Qué extraño todo esto para un mundo que va a todo gas….  

El evento biológico COVID-19 nos reporta al mundo de la humanidad vulnerable, de sus sistema de “seguridades sociales” de todo tipo, así como al de la cooperación y el cuidado personal y ajeno. Conviene cuidarse y cuidarnos. Todas las profesiones y personas que se dedican al cuidado de otros van a vivir este evento de una manera especial y única que les dará la posibilidad de tomar una visión sobre su propia función y papel. Y de trabajar a brazo partido. El cuidado de los niños y jóvenes será un punto importante que tendremos que gestionar y cuestionar. El virus les respeta y les usa como agentes transmisores por las cadenas genéticas. Hay lecciones ocultas para todos en cómo vamos a gestionar eso. 

Se trata de un evento inesperado, de un shock colectivo que pone el mundo planificado patas arriba. Lo pone mirando al año 2027 que marca un giro de tuerca en las precesiones de las eras y anuncia el fin del mundo de lo estratégico, donde todo está (estaba) estructurado y planificado. También a un mundo de nuevos flujos y modos de hacer, ser y estar en la Vida, con estructuras más ligeras y una percepción más orgánica de las fuerzas que se mueven en el cosmos, momento a momento. Ser y estar en el flujo, al servicio. Nadie a dicho que si será fácil o difícil. Para cada uno será de una manera. 

  Ahora aprendemos y vemos que todo empieza por tomar responsabilidad total por uno mismo, en primer lugar.   

COVID-19, el virus y el evento, es exactamente lo opuesto a un sistema estratégico: es totalmente receptivo, abierto y también muy activo en lo energético: es incansable. Lo que propone es un choque frontal del futuro con el presente, sin dibujar escenarios del futuro. Viene del futuro para ir preparando el camino hacia lo siguiente. 

No es de extrañar que su propagación sea exponencial y esté rompiendo los protocolos médicos un día tras otros. Ahora todos tiene que dar respuestas intuitivas, inmediatas, el el flujo. Los protocolos no valen de un día para otro… El virus se propaga a través de nosotros. Estamos al servicio de este evento como estamos al servicio de la Vida en el Universo, siempre. Mentalmente podemos imaginar escenarios de desconexión, pero no son más que sueños. Este cuerpo, esta biología, sabe. Y COVID-19 nos invita a descender y cuidar de lo esencial.   

No, no era lo importante comprar papel higiénico para las próximas diez vidas o vaciar los supermercados en masa presos del pánico, buscando sentirse seguros y en control de algo que se nos escapa de las manos y que nos hace, literalmente, cagarnos de miedo. Lo esencial es parar y darse cuenta. 

Traer la receptividad a través del apaciguamiento son dos características que ya estamos viviendo la mayoría de este planeta: la cuarentena obliga a parar y la receptividad es una opción deliciosa para observarse y contemplar desde esa quietud. Muchos no podrán soportar la verdad contenida en ese silencio y necesitarán ayuda o que alguien les devuelva hacia si mismos. Ahí podemos explorar una forma de cuidar y ser cuidados por otros. Muchos se sentirán aturdidos frente a la ingente masa de información que van a recibir en sus búsquedas en la red o en los medios, y pensarán que estar conectados es estar en ese tipo de red. Sin embargo, esa no es la conexión más importante o esencial. Sin duda ahora es una herramienta preciosa, si se utiliza correctamente. La conexión esencial es intangible y sucede en la receptividad sin cables y sin wifi, piel a piel con el Universo, con la materia, con la biología vulnerable y finita que somos. Esa es la conexión mágica, sin cables y sin pago o permanencia, que COVID-19 viene a recordarnos.  

 Se ha parado la economía, la producción, los servicios, la Bolsa, los políticos se contagian, las escuelas se cierran… y Gaia sigue girando alrededor del Sol. El Universo sigue tocando su melodía, a su propio tiempo… La naturaleza activa de COVID-19 nos pone a los humanos en stand by. Sí, esa pequeña cosa insignificante que tiene raíces ancestrales, mucho más antiguas que las nuestras, nos pone de rodillas como civilización. No es paradójico: viene a darnos lo que la sociedad, la comunidad humana demanda: un parón para repensarse y reconstruirse. Para salir del frenesí colectivo y aceptar unos límites biológicos y epocales. 

El despertar a la receptividad y bajar el ritmo son algunas de las invitaciones, casi imposiciones, que nos hace este evento. Parar y apaciguarse; parar y sentir por dentro qué es lo siguiente; parar y estar abierto al otro; nos tiende la mano para ser más humanos, más materia, y nos trae más espíritu, como consecuencia. 

MISIÓN 

 

Me detendré un poquito en la misión que viene a cumplir este evento: traer un impulso de amor hacia la Vida en estado puro. Su potente y constante energía nos impulsará a abrazar desafíos y procesos que no dependen tanto de la planificación de las estructuras como del talento intuitivo, la fuerza vital y la persistencia en el cuidado y el respeto por nosotros mismos, como individuos y como comunidad. 

Nos viene a recordar los miedos, uno por uno, así como a enfrentarlos todos, especialmente el miedo a la muerte como personas y también como especie. Porque no somos una especie eterna… Tenemos los siglos contados.   

El evento  COVID-19 concede estos talentos intuitivos sólo a los que cumplen con sus exigencias y respetan su autoridad: la que tiene un virus que trae la posibilidad de una mutación al mundo, porque está aquí para hacerlo más sostenible. Y lo hará, uno por uno de nosotros, que es su especialidad, hasta que consiga su objetivo transformador y una acción coherente con sus valores de sostenibilidad y de cuidado. 

Este evento COVID-19 tiene el potencial de ser una fuente natural de sabiduría para el florecimiento de la comunidad, si se gestiona adecuadamente. Trae ralentización y con ella la posibilidad de paz y armonía, el disfrute en los tiempos de calma, del dolce far niente, del saboreo de las alegrías de la vida con simplicidad. COVID-19 mantiene y detecta todo lo que podría conducir al deterioro de la comunidad y lo rechaza, intuitivamente; viene a cambiar nuestro plan de ruta por un plan sin ruta prefijada más que por el propio flujo de la Vida Cósmica. Se fueron al carajo todas las agendas en un momento y hacer planes en este momento de incertezas ¿tiene sentido? ¡Bienvenidos al plan infinito!   

El evento COVID-19 se puede convertir en una estrella guía y poner su poderosa energía vital, ancestral, a disposición de procesos de mutación exigentes en este momento de la historia de la humanidad. Su naturaleza es auténtica, ofrece la posibilidad de cambiar nuestros roles por otros más sanos, más orgánicos, más armónicos, más pacíficos, más colaborativos. O no. Recordemos que este evento es solo una invitación individual, en primer lugar, pero con una dimensión colectiva. Determina lo que ya no es sostenible y, al hacerlo, muestra la pizarra en negro de lo que podría ser una nueva visión. Nos pone en mano la tiza para pintar los esbozos de la nueva humanidad, en este momento de cambio radical y en sus últimos coleteos como especie.   

El truco para encajar todo esto es equilibrar las propias necesidades con las de los demás. Porque sólo si me ocupo de mis propias necesidades, podré hacer lo mismo para los demás, a largo plazo. Cuidarse para cuidar. El éxito duradero llega solo de la mano de una cooperación respetuosa y ambiciosa, así como de equilibrar celosamente la vitalidad y la autocontención. El trabajo enérgico y serio no tiene que ver con la adicción al trabajo que ahora mismo tenemos como humanidad. COVID-19 nos lo recuerda. El descanso y el ejercicio físico en la naturaleza son salud para el cuerpo, la materia sagrada por la que estamos aquí, viviendo esta experiencia cósmica, hasta que volvamos a ser polvo de estrellas… Lo cierto es que nunca hemos dejado de serlo. 

Es hora de sintonizarse con el tiempo real del universo y vivir con honor kósmico, como diría Alf Gauna.

Te deseo, humano que lees estas líneas, todo lo mejor.
En servicio. 

© Victoria Malvar, el Sendero de Individuación, 2020